Moría de ganas por dormir. Soñar.
En mis sueños le encontraría, como siempre. Él jamás me defraudaría.
Y llegó la hora cuando le vería. En el mismo lugar de siempre, donde teníamos una cita segura en un lugar secreto. Sin interrupciones.
Un lugar donde podíamos hablar de lo que quisiéramos, sin miedo.
Donde podría jugar con su cabello, ver directamente a sus ojos, abrazarlo. Un lugar donde podría tomar su mano, sin temor.
Y me preguntaba cuando despertaba, ¿soñará él conmigo?
Si la respuesta fuese 'sí', ¿me tomará el de la mano? ¿me abrazará por la espalda? ¿me besará en los párpados?
Decidí preguntárselo en una ocasión, cuando estábamos sentados en una banca de un parque precioso. Frente a un lago inmenso.
Estábamos solos. Yo con mi cabeza en su regazo, y él acariciaba mi cabello. Lo tomaba entre sus dedos, dejándolo caer cuando llegaba al final. Lo tocaba como si fuese algo único, precioso.
Habíamos hablado de su niñez, de cómo fue crecer con alguien tan diferente. Él se rió cuando los comparé con Ariel y Úrsula, de La Sirenita.
Tomé aire para preguntarle. ¿Soñaba él conmigo?
Sonrió. Y desapareció.
Nunca más volví a verle en mis sueños sin que fuera una tortura. Porque ahora, ya no era un lindo sueño si él estaba en ellos.
Dream
lunes, 29 de febrero de 2016
jueves, 26 de febrero de 2015
No soy un objeto, y no estoy aquí para tu maldito entretenimiento.
No soy un par de tetas, y una maldita vagina.
No me visto, o maquillo, simplemente para agradarte.
Mi vida no gira alrededor de tu maldito pene.
No es que mi ropa sea "provocativa".
Y no, no es un "halago" que me grites obscenidades cuando camino en la calle.
Tampoco es "agradable" que intentes tomar mi cuerpo.
Como dije, no soy un objeto, y no vivo para entretenerte.
No pienso acostarme contigo para "mantener el interés".
No me da la maldita gana de "hacerte disfrutar un rato".
Y no estoy aquí para ti.
No es mi culpa que creas que todas las chicas estamos para acostarnos contigo.
No soy, en otras palabras, no somos tu puto trofeo.
Y no somos unas "frígidas" por no querer tener sexo contigo.
No somos unas putas, o unas santas.
No somos tu trofeo, no estamos para tu entretenimiento.
No es "un favor" que me violes.
Y me vale tres pares de cojones si te enojas.
No es mi culpa que seas tan imbécil,
Que creas que no somos personas, que seas tan estúpido y nos veas como "algo" inferior.
Tampoco soy una zorra si quiero acostarme con alguien.
O con varios.
Porque tengo el completo derecho a decidir cómo visto, y con quién me desvisto.
No soy un objeto, y no estoy acá para ser tu puto entretenimiento.
No soy un par de tetas, y una maldita vagina.
No me visto, o maquillo, simplemente para agradarte.
Mi vida no gira alrededor de tu maldito pene.
No es que mi ropa sea "provocativa".
Y no, no es un "halago" que me grites obscenidades cuando camino en la calle.
Tampoco es "agradable" que intentes tomar mi cuerpo.
Como dije, no soy un objeto, y no vivo para entretenerte.
No pienso acostarme contigo para "mantener el interés".
No me da la maldita gana de "hacerte disfrutar un rato".
Y no estoy aquí para ti.
No es mi culpa que creas que todas las chicas estamos para acostarnos contigo.
No soy, en otras palabras, no somos tu puto trofeo.
Y no somos unas "frígidas" por no querer tener sexo contigo.
No somos unas putas, o unas santas.
No somos tu trofeo, no estamos para tu entretenimiento.
No es "un favor" que me violes.
Y me vale tres pares de cojones si te enojas.
No es mi culpa que seas tan imbécil,
Que creas que no somos personas, que seas tan estúpido y nos veas como "algo" inferior.
Tampoco soy una zorra si quiero acostarme con alguien.
O con varios.
Porque tengo el completo derecho a decidir cómo visto, y con quién me desvisto.
No soy un objeto, y no estoy acá para ser tu puto entretenimiento.
miércoles, 2 de julio de 2014
Fly away
Abrí el sobre, el cual ya ni siquiera tenía pegamento. Había intentado leer esa carta en muchas ocasiones, mas nunca tuve el valor de hacerlo.
Supuse que lo mejor sería sentarme antes de sacarla del sobre. El parque tenía muchas bancas, y partes donde los niños pequeños podían jugar. Me tomó por sorpresa que en esa hermosa tarde el parque estuviera casi vacío.
Por un momento, creí que lo mejor sería no leerla. Evitar lo que iba a sentir, huir de mí misma.
Lamentablemente, no se puede huir por siempre.
Saqué la carta del sobre, y antes de desdoblarla respiré profundamente. Supuse que no podía simplemente botarla. No, por supuesto que no podía. No porque sabía quién la había puesto en mi habitación.
Saqué un paquete de cigarrillos, y encendí el primero de muchos. Desdoblé la carta, y leí las primeras palabras. Sostuve el aliento, intentando detener el llanto. Seguí leyendo, seguí fumando, seguí llorando.
Al terminar, doblé la carta y la metí en el bolsillo de mi abrigo.
Caminé hasta el edificio en el cual solía pasar mis tardes. Encontré el camino hacia el tejado, y terminé mi cigarrillo antes de lanzarme.
Supuse que tarde o temprano alguien encontraría mi carta suicida.
Supuse que lo mejor sería sentarme antes de sacarla del sobre. El parque tenía muchas bancas, y partes donde los niños pequeños podían jugar. Me tomó por sorpresa que en esa hermosa tarde el parque estuviera casi vacío.
Por un momento, creí que lo mejor sería no leerla. Evitar lo que iba a sentir, huir de mí misma.
Lamentablemente, no se puede huir por siempre.
Saqué la carta del sobre, y antes de desdoblarla respiré profundamente. Supuse que no podía simplemente botarla. No, por supuesto que no podía. No porque sabía quién la había puesto en mi habitación.
Saqué un paquete de cigarrillos, y encendí el primero de muchos. Desdoblé la carta, y leí las primeras palabras. Sostuve el aliento, intentando detener el llanto. Seguí leyendo, seguí fumando, seguí llorando.
Al terminar, doblé la carta y la metí en el bolsillo de mi abrigo.
Caminé hasta el edificio en el cual solía pasar mis tardes. Encontré el camino hacia el tejado, y terminé mi cigarrillo antes de lanzarme.
Supuse que tarde o temprano alguien encontraría mi carta suicida.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Hubo una vez, hace mucho tiempo, una niña pequeña. Era risueña y soñadora. Ella tenía padres excepcionales que se preocupaban por ella, y le daban toda la atención que necesitaba.
Pero el tiempo pasó, y ella creció. Todo cambió para la pequeña niña.
Sus padres no eran los mismos. Aunque todavía se preocupaban por ella, no le prestaban la misma atención que antes. Sólo se fijaban en ella para echarle en cara sus errores.
Y así creció aquella pequeña, pensando que era mala, que había algo mal con ella.
La niña se hizo una joven. Una joven diferente a lo que los demás esperaban.
Sus padres siempre habían sido muy buenos con todos, muy simpáticos, muy amables.
La joven no era eso.
Ella era alguien tímida, y esa timidez era confundida con antipatía.
La joven era muy diferente a sus padres. Eso la hacía pensar, cada vez más, que algo estaba mal con ella.
No lograba agradarle a la gente. Ella no era desagradable, pero la gente no se tomaba el tiempo de conocerla.
Siempre la juzgaban por su ropa, su cabello desaliñado, su falta de feminidad, la música que le agradaba.
La joven seguía creyendo que algo estaba mal con ella.
Todos creían eso, y ella pensaba que no todos podían estar equivocados.
La joven siguió creciendo.
Seguía estando mal. Seguía odiándose.
La joven empezó a tomar pastillas.
Cada vez estaba empeorando. Se odiaba más.
La joven empezó a destruirse, a consumirse.
No podía estar peor. Nunca se había odiado tanto.
Estaba cerca de ser una adulta joven. Ella conoció gente. Todo tipo de gente.
Las personas a las que ella más quería, eran las personas que más daño le hacían.
Y así fue como siguió rompiéndose aquella joven que había sido la niña soñadora.
Ella empezó a hacer daño también, para defenderse.
Se quedó bastante sola. Al menos, así se sentía.
Empezó a destruirse cada vez más.
Nadie se daba cuenta.
Aquella niña risueña quedó sepultada hace muchos años.
Yo quedé sepultada hace muchos años.
Pero el tiempo pasó, y ella creció. Todo cambió para la pequeña niña.
Sus padres no eran los mismos. Aunque todavía se preocupaban por ella, no le prestaban la misma atención que antes. Sólo se fijaban en ella para echarle en cara sus errores.
Y así creció aquella pequeña, pensando que era mala, que había algo mal con ella.
La niña se hizo una joven. Una joven diferente a lo que los demás esperaban.
Sus padres siempre habían sido muy buenos con todos, muy simpáticos, muy amables.
La joven no era eso.
Ella era alguien tímida, y esa timidez era confundida con antipatía.
La joven era muy diferente a sus padres. Eso la hacía pensar, cada vez más, que algo estaba mal con ella.
No lograba agradarle a la gente. Ella no era desagradable, pero la gente no se tomaba el tiempo de conocerla.
Siempre la juzgaban por su ropa, su cabello desaliñado, su falta de feminidad, la música que le agradaba.
La joven seguía creyendo que algo estaba mal con ella.
Todos creían eso, y ella pensaba que no todos podían estar equivocados.
La joven siguió creciendo.
Seguía estando mal. Seguía odiándose.
La joven empezó a tomar pastillas.
Cada vez estaba empeorando. Se odiaba más.
La joven empezó a destruirse, a consumirse.
No podía estar peor. Nunca se había odiado tanto.
Estaba cerca de ser una adulta joven. Ella conoció gente. Todo tipo de gente.
Las personas a las que ella más quería, eran las personas que más daño le hacían.
Y así fue como siguió rompiéndose aquella joven que había sido la niña soñadora.
Ella empezó a hacer daño también, para defenderse.
Se quedó bastante sola. Al menos, así se sentía.
Empezó a destruirse cada vez más.
Nadie se daba cuenta.
Aquella niña risueña quedó sepultada hace muchos años.
Yo quedé sepultada hace muchos años.
miércoles, 21 de mayo de 2014
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