lunes, 29 de febrero de 2016

...and terrified of what you'll say.

Moría de ganas por dormir. Soñar.
En mis sueños le encontraría, como siempre. Él jamás me defraudaría. 
Y llegó la hora cuando le vería. En el mismo lugar de siempre, donde teníamos una cita segura en un lugar secreto. Sin interrupciones.
Un lugar donde podíamos hablar de lo que quisiéramos, sin miedo. 
Donde podría jugar con su cabello, ver directamente a sus ojos, abrazarlo. Un lugar donde podría tomar su mano, sin temor. 

Y me preguntaba cuando despertaba, ¿soñará él conmigo?
Si la respuesta fuese 'sí', ¿me tomará el de la mano? ¿me abrazará por la espalda? ¿me besará en los párpados?


Decidí preguntárselo en una ocasión, cuando estábamos sentados en una banca de un parque precioso. Frente a un lago inmenso. 
Estábamos solos. Yo con mi cabeza en su regazo, y él acariciaba mi cabello. Lo tomaba entre sus dedos, dejándolo caer cuando llegaba al final. Lo tocaba como si fuese algo único, precioso. 
Habíamos hablado de su niñez, de cómo fue crecer con alguien tan diferente. Él se rió cuando los comparé con Ariel y Úrsula, de La Sirenita.
Tomé aire para preguntarle. ¿Soñaba él conmigo?
Sonrió. Y desapareció.
Nunca más volví a verle en mis sueños sin que fuera una tortura. Porque ahora, ya no era un lindo sueño si él estaba en ellos.  

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