miércoles, 2 de julio de 2014

Fly away

Abrí el sobre, el cual ya ni siquiera tenía pegamento. Había intentado leer esa carta en muchas ocasiones, mas nunca tuve el valor de hacerlo.
Supuse que lo mejor sería sentarme antes de sacarla del sobre. El parque tenía muchas bancas, y partes donde los niños pequeños podían jugar. Me tomó por sorpresa que en esa hermosa tarde el parque estuviera casi vacío.

Por un momento, creí que lo mejor sería no leerla. Evitar lo que iba a sentir, huir de mí misma.
Lamentablemente, no se puede huir por siempre.

Saqué la carta del sobre, y antes de desdoblarla respiré profundamente. Supuse que no podía simplemente botarla. No, por supuesto que no podía. No porque sabía quién la había puesto en mi habitación. 
Saqué un paquete de cigarrillos, y encendí el primero de muchos. Desdoblé la carta, y leí las primeras palabras. Sostuve el aliento, intentando detener el llanto. Seguí leyendo, seguí fumando, seguí llorando.
Al terminar, doblé la carta y la metí en el bolsillo de mi abrigo. 
Caminé hasta el edificio en el cual solía pasar mis tardes. Encontré el camino hacia el tejado, y terminé mi cigarrillo antes de lanzarme. 
Supuse que tarde o temprano alguien encontraría mi carta suicida. 

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