lunes, 19 de mayo de 2014

Dead wrong

Las palabras se arremolinaban en su cabeza, y ella era asfixiada por todo lo que no decía. Buscó un cuaderno para escribir, para vaciar su mente culpable, pero no le era permitido. Su condena era vivir con ese tormento. En ocasiones se despertaba en medio de la noche porque escuchaba los gritos de todos aquellos a los que habían torturado, y aún despierta los seguía escuchando. Todas aquellas voces de personas inocentes siendo violadas y mutiladas, sus gritos desesperados que pronto eran acallados por un agresor despiadado. Lo peor era cuando escuchaba a una madre cantándole una canción de cuna a su hijo, y entre sollozos le decía que todo estaría bien; ella podía notar en el tono de voz de la madre que ésta no lo decía para calmar a su hijo, sino que lo decía para intentar creerlo.
Ella se preguntaba si alguna de esas personas había logrado sobrevivir, y constantemente pensaba en lo diferente que sería su vida si su deseo no hubiera sido tener la capacidad de escuchar aquello escondido en el viento.

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